Confesiones de Viejoven: Para matar el tiempo necesitas ser lvl 99 de malabarista nigromante

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En los albores de una humanidad todavía sin gestar, existía el tiempo sin forma. Algo sin nombre que regía el paso de los acontecimientos. Grilletes invisibles de todo aquello formado por materia, prisioneros de una implacable ley unidireccional no escrita hasta hace poco. El inicio y el fin de todo lo marca él.

Nosotros, primates desarrollados con ansias de etiquetar todo, decidimos medir esta flecha imaginaria mediante magnitudes exactas y precisas. El tiempo es inamovible y dura lo mismo en Albacete en pleno verano de extreme calorzaco que si te das una amena vuelta por el ártico. Los que cambiamos el tiempo, somos nosotros.

El otro día medité sobre algo que me llegó a dar un escalofrio mortal en este microuniverso de los videojuegos y tiene que ver con el tiempo.

Para toda esa gente que hemos vivido el paso entre aquella generación antigua de videojuegos hasta la actual (y lo que nos queda aun por degustar), hemos experimentado una mutación en la percepción del tiempo que, sinceramente, a algunos nos llega a asustar. Es más, desde mi propio punto de vista, incluso marea ver la vorágine que es el mercado de los videojuegos ahora mismo:

La oferta diversa de géneros, plataformas para jugar, grandes títulos trimestrales, juegos indies, en desarrollo, betas… asusta. Pero lo que más asusta son la brutalidad de títulos que requieren incontables horas para sumergirte en ellos y que no dejan de emerger como setas en un bosque húmedo donde los jabalís defecan para luego revolcarse de forma triunfal.

 

ImperfectCellTimeMachine“Cuando asesinas a Trunks para viajar al pasado con el fin de tener todo el tiempo del mundo y poder pasarte The Witcher 3 al 100% con sus dos expansiones”

 

Es cierto que mucha gente recuerda aquellos tiempos como lo más maravilloso del mundo (deberían dejar de mirarse el ombligo de vez en cuando), pero no teníamos casi nada para elegir. Catálogos con bastantes limitaciones, escasa tecnología que rozaba el primitivismo y sobretodo ostracismo social. Jugar a videojuegos era sinónimo de pertenecer a una pseudocasta marginal que para el resto equivalía a una pérdida de tiempo, de ahí que naciera esa soberbia del “jugón viejuno” actual que se cree haber salvado el planeta porque jugaba a las recreativas. Pero en fin, ese es otro tema.

En ese pasado circunstancial la gente tenía tiempo, pero no tenía apenas donde elegir por dinero. Si, habían consolas si eras afortunado de costearte una o las recreativas (que tampoco eran gratis). Pero los simples juegos de aquel entonces no daban todas las horas contínuas que te pueden llegar a dar los actuales, ya que en su mayoría eran juegos repetitivos de disfrute inmediato y orientados a hacerlo acompañado de alguien (eso no quiere decir que fueran malos). Es cierto que incluso con eso, existió una época donde RPGs y aventuras gráficas cambiaron en buena parte dicha tendencia pero aun así, palidecían ante los mundos virtuales que se generan ahora, los cuales caben en un simple disco o en un miniaturizado cartucho de memoria flash. Amazing que te cagas.

Cada mes hay nuevos juegos que se acumulan y la gran mayoría, orientados a que el jugador invierta 50, 60, 100, 200 horas de juego para completarlo. Pequeñas joyas que embelesan en todos los aspectos y te sumergen en increibles micromundos diseñados para hacerte uno más. Pero ahí está el tiempo, el fucking maldito tiempo. Eso que hoy en día es más escaso. Más escurridizo entre nuestros dedos. Más valioso.

 

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“- [Trunks]: Caparazón duro, viscosidad ácida, signos de tener los genitales atrofiados… sin lugar a dudas este huevo pertenece a una cría de PC Master Race.”

 

La frustración de tener miles de planetas por descubrir pero no tener combustible suficiente para visitarlos todos, viéndolos en la lejanía que te permite echar un vistazo de tu nave espacial de rumbo ininterrumpido. Los jugadores actuales de videojuegos tenemos todo a nuestro alcance pero debemos vivir sin tiempo para disfrutarlo.

Matar el tiempo por placer se ha convertido en la quest más compleja, donde nuestra realidad es un desaliñado programador que sube la dificultad con esa sórdida mueca en su rostro, impasible ante nuestra agonía decidiendo a lo que jugar. Perdiendo más tiempo decidiendo. Y cuanto más pensamos, más posibilidades perdemos viendo como surcan frente a nuestras narices.

Cambiamos de siglo, presenciamos el paso de generaciones, pero la falta de tiempo seguirá siendo ese puñetero final boss con barra de vida que baja levemente mientras a ti te perfora el ano con invisible violencia, notando como palpitan sus venas (también invisibles).

 

Querer y no poder.

Poder y no tener.

Tener y no poder.

Esclavos del Ocarina of time.

 

☠ Esta entrada ha sido escrita por el equipo de monos guionistas de @OjeteAlmendra_, por lo que no se hace responsable de cualquier tipo de queja, denuncia, uso de Estrella de la Muerte® para destrozar su planeta natal, cera ardiendo sobre sus ojos o colocación de C4 en su ropa interior para que no tenga descendencia en el futuro ☠

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