Análisis: FAST Racing Neo (Wii U)

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Hace mucho, mucho tiempo, hubo una época en la que los juegos de carreras triunfaban en las máquinas recreativas. Juegos como Sega Rally o Daytona USA causaban fervor en la joventud de aquellos tiempos por su frenetismo, velocidad y llamativos gráficos. Las consolas de sobremesa que habitaban en millones de hogares a mediados de los noventa fueron también testigos de esta oleada con títulos de gran calidad y sello técnico. El género de las carreras de naves futuristas, que es el que hoy nos ocupa, conseguía exprimir al máximo las capacidades técnicas de unas consolas que popularizaron y familiarizaron los gráficos 3D entre la gran multitud. Sagas hoy clásicas como F-Zero o Wipeout demostraron que no hacía falta tener un mueble de recreativa entero en tu cuarto para disfrutar de frenéticos y detallados entornos en 3D que hacían alucinar al mismo MacGyver.

Sin embargo, los tiempos cambian y las modas pasan. La tecnología evoluciona y su fátuo avance hizo que por un motivo u otro el antaño tan adorado género de las carreras de naves quedara olvidado. Viviendo sus últimos coletazos con más pena que gloria hasta mediados o finales de la primera década de los 2000, ya solo Wipeout malvivía con títulos que, si bien no eran malos, tampoco cosecharon las ventas que se esperaría de una longeva saga con tanto reconocimiento. Y así, con el último bastión representativo de toda una era de los videojuegos caído en combate, ya nada parecía quedar de un fenómeno venido a menos y que con el paso del tiempo se convirtió en un mero nicho. ¿Era este acaso el final de nuestro querido género rico en generadores de antigravedad y brillantes chapas de titanio reforzado?

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En Shin’en saben muy bien a lo que van, y es por eso que nada más comenzar nos encontramos con menús con un diseño sencillo y visualmente muy efectivo. La mentalidad arcade nos indica que debemos deshacernos de todos aquellos extras que no necesitemos para tener una experiencia jugable perfecta, y es por ello que contaremos con las opciones justas y básicas; justo lo que necesitamos para que sea cuestión de segundos arrancar el juego y ponernos a los volantes de la nave y circuito de nuestra elección. El juego, como cabía esperar, de nuevo, en un arcade, no cuenta con gran multitud de modos de juego que nos distráigan con experimentos extraños y novedades no acaban de funcionar; ante nosotros simplemente tendremos los clásicos modos Campeonato, Contrarreloj y Multijugador tanto local como vía online. Haciendo honor a la verdad, sí que contamos con uno de estos experimentos que mencionaba: Se llama “Modo Héroe” (Hero Mode), pero de él hablaremos más adelante en este mismo análisis.

Antes, echemos un vistazo a todo el contenido que nos puede ofrecer este título. El modo Campeonato está formado por cuatro copas que a su vez contienen cuatro pistas cada una. Cada copa se podrá jugar en tres dificultades, siendo necesario ganar todas para poder pasar al siguiente nivel de dificultad, desbloqueando durante el camino un elenco de hasta diez naves de diferentes características. Si bien no será imposible para los más experimentados en este género, el juego puede llegar a ser bastante difícil en su máximo nivel de dificultad. Una vez completemos las copas en este modo, nos dejará ir jugándolas en modo Contrarreloj. Sí, esto le da un alto componente de rejugabilidad ya que podremos intentar batir nuestro tiempo o el de los desarrolladores, pero el hecho de tener que ganar las copas antes de desbloquear sus pistas es una decisión de diseño un tanto extraña, ya que normalmente si se nos atasca cierta pista lo más común es que vayamos al modo Contrarreloj para practicar esa sola pista en vez de tener que pasar por todas y cada una de las pistas anteriores de copa a la que pertenezca.

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Pero nada de esto importa en un juego de este calibre si no se maneja bien, y entonces me preguntaréis “¿es esto así?” Y yo responderé con un simple “hmmmmmmmm” (así, a lo largo, con 8 M’s). Siendo más exactos… Sí, se maneja bien; pero no tan bien. El juego es rápido, responde bien a los mandos y está bien pulido. En cuanto a controles podríamos decir que sigue el patrón de F-Zero, sin embargo para mí falla lo más clave en este tipo de juegos; el motivo por el que tanto Wipeout como el resto de juegos del género nunca podrán estar a la altura: el agarre de la nave. Y es que como dice el famoso anuncio, la potencia sin control no sirve de nada. De poco te sirve tener un juego rapidísimo y frenético como pocos si la respuesta de la nave es vaga y te sientes más en un partido de ping-pong que en una carrera por cómo vas cruzando la pista de lado a lado contra las protecciones. Al margen de esto, el diseño de las pistas es muy sencillo y lineal por norma, aunque suele jugar con la verticalidad mediante turbos y saltos al vacío; no supondría excesivo reto si no fuera por el control que antes comentaba.

Lo que sí permite esto es explayarse con unos efectos gráficos y de iluminación que harán las delicias de cualquiera que se acerque a mirar durante unos minutos la televisión. Lluvia torrencial, tormentas de arena, desprendimientos de roca y nieve y un sinfín de inclemencias meteorológicas se suman a unos entornos altamente detallados con texturas que quitan el hipo. Shin’en Multimedia siempre se ha caracterizado por saber explotar y sobrepasar los límites teóricos de todo aquel hardware que tocan. Ya lo hicieron una vez con el predecesor de este juego, FAST Racing League, y tres años de largo desarrollo más tarde han hecho que visualmente nadie eche de menos un salto tecnológico más importante en los poco más de 500mbs que ocupa FAST Racing Neo. Todo esto me hace preguntarme cómo serían los videojuegos de las diversas plataformas actualmente si todos los estudios programaran tan bien y optimizaran tanto su código como estos alemanes.

Hablaba antes de la dificultad del título y de ese nuevo Modo Héroe, pero perfectamente podrían haberlo llamado “Modo F-Zero” ya que básicamente ofrece una vuelta de tuerca a las mecánicas de juego convirtiendo la barra de turbo en una barra de energía que deberemos mantener rellenada si no queremos acabar prematuramente en el desguace. Y lo gracioso del tema es que no solo será esto a lo que nos enfrentemos; sino que deberemos sumarle a que correremos bajo la máxima dificultad y en una constante muerte súbita, teniendo que volver a empezar desde la primera carrera de la copa si somos derrotados a mitad de la misma.

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En conclusión, tenemos un arcade de los de antes; un auténtico vestigio de otra época. FAST Racing Neo nos ofrece, no solo la posibilidad de volver atrás en el tiempo a una época donde se escuchaba Sum 41 a todo trapo sobre monopatines, sino también incontables horas de juego mientras intentamos dominar auténticos portentos de metal a velocidades realmente indecentes. No lo clasificaría simplemente como un exclusivo recomendado de la biblioteca de Wii U ya que nos encontramos con una de las verdaderas joyas de la velocidad de esta generación que hasta la misma Nintendo acabaría reconociendo al distribuir el título en formato físico bajo su propio sello de calidad.

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