Análisis: Spyro: Enter The Dragonfly

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Playstation 2, Nintendo Gamecube. Check Six Games, Equinoxe. 2002

Seguro que cuando nombro a Spyro el dragón estaré evocando, casi sin quererlo, los recuerdos infantiles de no pocos quienes nacieron con una playstation bajo el brazo. Y es que los juegos del pequeño dragón púrpura gozaron de una notable popularidad en su época y convirtieron a este personaje en uno de los iconos más reconocibles de la gris de Sony. En su momento fueron propuestas plataformeras 3D más que decentes que, en mi opinión, poco tenían que envidiar a otras apuestas de la competencia.

Tuvieron un éxito inmediato pero después del tercer juego, y en un movimiento casi sin precedentes, Insomniac vendió su querida licencia alegando que ya no tenían ideas para futuros capítulos. Muchos hemos lamentado este hecho a raíz de lo que vino después para el dragón, pero viéndolo en perspectiva, Insomniac hizo un movimiento acertado por aquellas. Bien podrían haber capitalizado hasta el extremo el éxito cosechado por la trilogía original lanzando más y más títulos, pero todos ellos habrían resultado ser juegos sin ideas que aportar, solo con un nombre con el que vender. También podrían haber optado por guardar la licencia en el congelador a la espera de tiempos creativos mejores, pero de poco habría servido cuando el gran momento de los plataformas 3D vino precisamente en la generación que vio nacer a Spyro. Para bien o para mal, agacharon la cabeza  y aceptaron que ya no tenían nada más que hacer con el dragoncillo, así que pensaron que tal vez otros podrían hacer algo interesante con la franquicia en el futuro. Una pequeña lección de humildad en una industria a veces demasiado arrogante.

Tras aquello, el dragón corrió una suerte similar a la de su primo hermano Crash Bandicoot, dando palos de ciego por multitud de máquinas y pasando por numerosas manos con juegos mejores o peores, pero que en ningún caso lograron la unanimidad de antaño. Hoy hablaré sobre el primero de todos ellos en sobremesas, un juego que Check Six Games y Equinoxe tuvieron que desarrollar a contrarreloj: Spyro: Enter The Dragonfly. 

Los cometidos de Enter The Dragonfly no fueron precisamente sencillos: además de responder a las expectativas derivadas del cambio generacional, con nuevas plataformas más potentes donde se presuponía que llegarían juegos más desarrollados, quedaba la incertidumbre de ver como se adaptaba la franquicia fuera de sus creadores originales en un juego para sobremesas, el primero en ser multiplataforma, y el que se perfilaba como un Spyro 4 además ¿respondió Enter The Dragonfly a las expectativas depositadas en él? veámoslo.

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La historia del juego nos sitúa justo después de Spyro: Year of The Dragon. Los dragones se encuentran celebrando un rito de iniciación donde a cada dragón joven se le otorga una libélula, hasta que de repente aparece Ripto de la nada (¿¡no se supone que estaba muerto?!) junto con sus secuaces para robar las libélulas. Sin explicación alguna, el cetro mágico de Ripto se estropea y ello hace que las libélulas salgan desperdigadas por todo el reino. Un comienzo atropellado y precipitado que es incluso bueno como introducción a todo lo que viene a continuación: pues efectivamente la sensación de atropello que supone este juego a todos –o casi todos- los niveles es elevada como poco. Para que os hagáis una idea ¡Es la primera vez que he tenido que saltar la introducción de un juego para no continuar viendo las animaciones de los personajes! pero dejando de lado esta pequeña anécdota personal y entrando en materia, lo que el jugador deduce de esta mencionada introducción es bien sencillo: nuestro objetivo es cazar las 90 libelulas perdidas a lo largo y ancho de varios mundos, actuando éstas como el socorrido elemento coleccionista de todo plataformas 3D… sin faltar, como no, el típico mundo conector desde donde se accede a todos los niveles, en esta ocasión, el mismo reino de los dragones.

De aquí se desprende fácilmente que Enter The Dragonfly no propone mucho más de lo visto en las entregas originales. El planteamiento jugable es idéntico al de aquellas y los niveles son un batiburrillo de temáticas recicladas o reimaginadas de anteriores Spyro. Es, pues, un título increíblemente continuista, lo cual no es malo en sí mismo… hasta que uno se da cuenta de que el acabado general del juego hace aguas. Efectos gráficos irregulares, una montaña rusa de framerate totalmente inestable que oscila entre los 30 y los 20 FPS (si, 20), tiempos de cargas criminales, clipping, mala animación y sincronización del doblaje en los personajes y… ¡un festín de glitches! Casi por todas partes, algunos anecdóticos y otros no precisamente pequeños ni aislados: desde la posibilidad de atravesar puertas hasta de nadar por el aire, contemplar como desaparece como por arte de magia gran parte del terreno de un nivel o andar sobre plataformas invisibles sin que uno se lo espere, como quien no quiere la cosa.

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Como novedad se presentan los diferentes alientos de Spyro: al clásico aliento de fuego deben añadirse ahora el de hielo, electricidad y burbujas, estos dos últimos tal vez algo forzados. Pero lo que a priori podría haber sido una idea interesante termina por ser algo terriblemente desaprovechado: mas allá de servir como llave puntual en alguna puerta, o para cazar libélulas, el diseño no incita apenas en aprovechar estas habilidades de forma mínimamente ingeniosa, ni siquiera en los minijuegos que es donde quizá más podrían haberse lucido. Se ven pocos elementos en los mundos que inviten a interactuar con estos nuevos poderes y termina resultando ser una idea poco trabajada, sin apenas peso en el desarrollo.

Tampoco se proponen niveles curiosos o distintivos por su estructura, además de que me ha parecido que éstos contienen menos secretos y detalles que en los Spyro anteriores: menos grietas que romper, menos interruptores que pulsar, menos cofres que descubrir… los mundos esta vez son bastante planos y con poco que ofrecer. Además, la mayoría de enemigos responden exactamente igual a los alientos, son lentos y sin carisma alguno, ni siquiera tiene mucha gracia cornearlos o quemarlos.

En cuanto a los mencionados minijuegos, diseminados por todos los niveles para conseguir mas libélulas, no consiguen salvarse al resultar ser un compendio de pruebas y tareas poco inspiradas, sin ninguna chispa; parecen hechos por compromiso y son completamente olvidables: apagar fuegos en X tiempo, toscas batallas a bordo de tanques u otros vehículos… los motivos se repiten una y otra vez y aunque si que se puede encontrar algunos curiosos (pilotar un OVNI para absorber vacas…) ninguno de ellos logra ser especialmente memorable ni divertido. Una buena cantidad de libélulas deberán obtenerse así, a base de la repetitividad de muchos minijuegos insulsos, lo cual podrá minar con facilidad la paciencia del jugador.

También vuelven los circuitos de velocidad de anteriores entregas, pero esta vez con caídas de framerate serias (me ha parecido de hecho que son las áreas donde más caídas he experimentado) y con un glitch molesto al entrar a estas zonas donde el juego se congela durante unos segundos (cerca de 30) antes de que Sparx explique la prueba en cuestión.

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A mencionar también que el aspecto gráfico del juego parece una ligera actualización de los juegos originales y no se nota demasiado salto entre estos y Enter The Dragonfly; a lo sumo se pueden destacar los efectos de agua y hielo junto al propio Spyro, que luce bien a diferencia de los personajes secundarios. Y hablando de los secundarios, Ricachón aparece una única vez en todo el juego y ello hace que las gemas (literalmente por todas partes) carezcan casi por completo de utilidad. No hay nada más que nos incite a conseguirlas, ni siquiera coleccionarlas todas sirve de mucho, ni para comprar ni para desbloquear nada. Además, la duración de la aventura principal es irrisoria, la que uno puede esperar de un juego con únicamente 9 mundos y una batalla contra un jefe. De 4 horas aproximadamente y para completarlo al 100% puede llevar unas 2 horas más. Con todo lo dicho, no es difícil deducir que el juego ofrece una pobre rejugabilidad y que no deja demasiados motivos para acudir de nuevo a él.

Spyro: Enter The Dragonfly, en conjunto, parece algo sin alma, acartonado y mal rematado. Decía antes que un planteamiento continuista no es malo siempre que, sobre la continuación de las bases heredadas, se perciba una intención clara en evolucionarlas y llevarlas a un nuevo nivel de refinamiento. Enter The Draonfly no parece tener intenciones muy claras ni definidas; se apoya excesivamente en la herencia recibida sin intención de mejorarla, titubea y termina ofreciendo algo que es un menos de lo mismo en toda regla. No solo no mejora lo heredado ni lo mantiene en unas cotas reconocibles, sino que lo empeora no aprovechando lo que tiene ni optimizandolo para la ocasión.

Con todo, la experiencia con Enter The Dragonfly me ha servido para rememorar en parte mis recuerdos de infancia, pues extrañamente resulta ser uno de los Spyro más Spyro de todos los Spyro post-Insomniac. El continuismo al menos consigue vislumbrar ligeramente un pequeño rayo de luz nostálgica evocando a los juegos originales en casi cada momento, música de Stewart Copeland incluida (tal vez el único destello de calidad equiparable a los juegos de psx). De forma torpe y no muy elegante, pero al menos consigue ser, en cierto modo, fiel… aunque siempre será más aconsejable acudir a los juegos originales para recordar antes que a su pobre imitación. Y por desgracia, para aquellos que no jugaron a los originales ni les guardan especial nostalgia, Enter The Dragonfly es, a todas luces, un juego completamente prescindible.

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Un pensamiento en “Análisis: Spyro: Enter The Dragonfly

  1. ARMOR64 dice:

    No pude acabarlo, de hecho lo vendí. Era demasiado malo para aguantarlo ni tan si quiera las 4 horas que dices que dura. Aquí empezó a morirse Spyro.

    Le gusta a 1 persona

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