Hater, el octavo pasajero

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Inicio esta redacción lingüística bajo el consentimiento médico de mi doctor de trozodemicama (también llamado “cabecera”) a sabiendas que finalizarlo alterará mi pulso cardiorespiratorio y me producirá un negativo efecto vasoconstrictor en mis amados cuerpos cavernosos. Pulso que se elevará a niveles estratosféricos como cierto exministro franquista emulando el final de Grease. Por si alguien desconocía este dato, hubo una edad oscura donde los no-muertos yacían en sus frías tumbas, esperando que la llama se apagara para dar inicio a una era de odio. Un odio espeso cual vaso de leche con 100 cucharadas soperas de Colocao Hacendaño. Odio envolvente del que todo emerge, fuente creadora de toda conexión biológica que permite la vida en este universo. Permíteme que lo comparta contigo y así aliviar esta pesada carga:

Odiaba el clip de Word. Incluso en su inexistencia sigo teniéndole asco. Sus ojos lascivos pidiéndome compasivamente mi atención, con esa manera chustera de invadir la intimidad informática de cualquiera. Su muerte era un secreto a voces manifestado en un acto de justicia divina que produjo placer, para bien de muchos y descontento de algunos pocos herejes ya marcados en la piel con el fin de reconocerlos. Ya sabéis, por lo de no mezclar genes al límite rollo Borbón style. Sacrificaba los segundos imaginando como sería ese dulce momento en el cual era sumergido en lava. Un clip que incluso en el transcurso de su fallecer, con su aleación metálica fundiéndose, mantenía esa insoportable expresión de felicidad. Señores de Microsoft, si a alguno se le pasa por la cabeza reunir las bolas de dragón para resucitarlo y así reiniciar un bucle de dolor a la humanidad, tened en cuenta que vuestras sedes pueden arder por combustión artificialmente espontánea. Primer aviso.

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“Luz, fuego… DESTRUCCIÓN”

Odio la mascota de los Weikis, esos pseudobollos con defecaciones de conejo chocolateadas esparcidas sobre su superficie. El animal en cuestión es un mapache. Hablamos de bollos. Mapache. Bollos. La conexión lógica está ahí y no me refiero a una condición sexual (jojojajota NO, ERA SARCASMO). Este mapache con ojos de cocainómano perpetró un sucio golpe de estado contra la anterior mascota elegida democráticamente. Una mascota que era más fea que una nevera por detrás, abstracta y morfológicamente imposible… pero todos sabemos que los Doowaps eran mejores. Este indeseable mapache fascista no debe mancillar a la comunidad de mapaches, al igual que los humanos no tenemos la culpa de que las Gemeliers sean de nuestra misma especie.

Danonino, ese odioso dinosaurio pintado por un artista daltónico. Un infraser que debió fenecer junto a su bastarda familia tras la leve caricia de un meteorito en llamas. La vida es cruel y permitió que siguiera perpetrando infames anuncios donde claramente muestra su instinto primitivo por abusar de infantes humanos. Una bestia indómita, carnalmente insaciable, la cual hizo llorar sangre a Darwin mientras desglosaba su teoría evolutiva.

Vlad

“Palos de selfies: Esto con Vlad Tepes no pasaba”

Odio el abrefácil de los briks de leche, los olores mordorianos que permanecen fusionados en el microondas, la fina capa plastificada e imposible de cortar sin un cañón láser que envuelve los CDs musicales. Odio a los canis que pasean en moto los días domingueros, los cuales les deseo un agradable estampado frontal contra cualquier farola. Pido disculpas a las farolas por si las he ofendido, ya que hacen una gran labor social. Odio los bolis atados con cadena de váter que hay en los bancos, porque los ladrones temen ser robados, curiosa ironía. Odio esas hojas de libreta con punticos para arrancarlas y que al final se rompen igualmente entoncesparaquecoñolesponeispuntitosestafadoresdelacelulosaimpresa. Odio que haya gente inconsciente de neuronas hibernantes permitiendo a sujetos como Alejandro Sanz seguir sacando discos, aumentando así el nº de casos con cáncer de tímpano gracias al efecto de la mariposa sidosa. Odio los chicles pegados bajo las mesas pero odio aun más a la gente cerda que perpetra este acto antihigiénico. Así os atragantéis un día, viendo pasar vuestros recuerdos como si fuera una presentación de PowerPoint previa al dejar de realizar de forma indefinida el acto de respirar.

Por odiar, odiemos los casposos pantalones de campana, las camisetas rosas con escote fabricadas con el único uso monguer de que orangutanes made in gym muestren el resultado de inyectarse esteroides cual suero fisiológico. Odiemos al clásico despistado de biblioteca que todavía debe aprender a poner su smartphone en modo silencio. Las parejas que van por la calle cuales bacterias simbióticas, pegadas al máximo nivel subatómico que ni con una palanca los separas. Si quisiera azúcar me llenaría la boca con una bolsa de kilogramo con los ojos en blanco mientras la gente apuesta alrededor mía. Iros a vuestra puñetera casa y zumbad hasta haceros sangre epitelial. Odiemos a las cuadrillas organizadas de viejas que forman murallas móviles a ritmo de “Paquito el chocolatero” ocupando todo el ancho de la acera. Las bolsas de la frutería que no se abren. Las barras de pan con más polvo blanco encima que una reunión de usuarios de Forocoches. Las bananas, que son el primo tonto de los plátanos. Los ponis, los hermanos con Syndrome of a Down de los caballos. Odiemos la piña como ingrediente en las pizzas. Porque si esto continúa se normalizará el uso de lacasitos, uranio, limaduras de óxido, clavos o incluso trozos de sofás como toppings para elegir en el Telepi.

Ya puestos odiemos al Telepi por ser una empresa diabólica que juega a ser su propio dios alterando ciertas leyes fisicoquímicas, con la función de regodearse en su propio cinismo. Pizzas con ensaladas, pizzas con hamburguesas, pizzas con espaguetis a la boloñesa, pizzas con bocadillos de panceta por encima, pizzas con minipizzas que a su vez llevan ensalada… nada es imposible de ser mancillado por estos artistas del crimen culinario.

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“- Ahora me miráis mal porque me he cargado desde dentro al tipo este, en plan campero del CoD… pero claro, si ahora os digo que compraba discos de Melendi ¡¿QUÉ?! ¡¿AHORA YA NO ME MIRÁIS CON ASCO EH?! ¡HIPÓCRITAS!”

Odiemos profundamente a toda esa gente que se reía de quienes se gastaban su dinero en cartas Magic en vez de drogarse, pillar comas etílicos o realizar transacciones monetarias por relaciones sexuales. Toda esa misma gente que ahora dicen “Nano, juego mazo a Hearthstone” porque es muy kawaii desu Blizzard nyah mecagoenvuestraestampadepossers. Odiemos el niñoratismo y el sectarismo MoreniusWallyT-Rex777CapoWisPlay que suministra queso a sus hordas roedoras.

Pero por odiar, LO QUE MÁS ODIO, son todos esos pequeños momentos de la life que disfrutas al comienzo pero sabes que acabarán siendo lo motherfucking peor. Momentos como enamorarte de otro miembro de tu especie sabiendo que lloverá sangre (como decían los maestros de la música romántica: Slayer), empezar un helado y que se te caiga en la zona genital del pantalón, que tu amigo Victor Rent te deje un juego pero se quede en el 98% de intercambio unilateral, liarte un cigarro sin saber que no te quedan filtros o el peor de todos:

Defecar con el inmenso placer de mantener la puerta abierta porque estás solo en tu casa, sin prisa, deleitándote en llevar tu ritmo para que Michael Jordan deje de colgarse del aro con una magnífica pirueta aerea y saber que luego deberás proceder a la limpieza de la zona periférica. Sabiendo que, quieras o no, te mancharás. Derrumbando tu felicidad cual jenga. Quedando solo las ganas de que el astro solar llegue a su límite vital e implosione para luego expandirse masivamente y engullir este fragmento de tierra animada, reduciéndolo todo a ceniza cósmica.

Odia, odia… y ensancha el alma.

 

☢ Esta entrada es una aportación personal para la iniciativa de ZonaDelta llamada I Wanna Be The Hater 2. Su único fin es entretener, intentar ganar el concurso y sobretodo, informar a toda la gente ofendida que mi odio es superior a vosotros. Ser hater es muy duro, como mi chorra al levantarme por las mañanas. Saludos y tocaros una teta en mi honor ☢

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6 pensamientos en “Hater, el octavo pasajero

  1. Ha sido de las cosas más hermosas que he leido en mi vida -bueno, por lo menos de esta semana- . Hasta podría pasar por alguna de las sagradas escrituras que todo Hater debe de tener en cuenta.

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  2. AtreidesXXI dice:

    “Las bananas, que son el primo tonto de los plátanos” Jamás leí verdad más verdadera.
    Estupenda entrada, me he reído y he compartido muchas de las elecciones.

    Saludos fremen.

    Le gusta a 1 persona

    • ojetealmendra dice:

      Tranquilo compañero, no estás solo. Hay mucha gente en la alianza platanera que respalda nuestras acciones. Gracias y que el potasio te acompañe.

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  3. suditeh dice:

    Ser hater es muy duro, y la gente no lo entiende. Cree que lo somos por moda o conveniencia, pero tú y yo sabemos la verdad: somos haters porque nuestro pene rezuma odio y es molesto andar con una cosa tan grande inflada siempre, así que tenemos que liberarnos de las ataduras del hate de vez en cuando con textos como estos.

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    • ojetealmendra dice:

      Albergamos mucho poder hater y lo retenemos en nuestro interior gracias al carisma… pero hay gente odiosa que busca el hacernos perder el control para que liberemos esa energía oprimida y así, arrasar con la superficie del planeta. Si dejamos de odiar, el planeta estará en peligro.

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